Tenia un deseo en el dedo, en el de la mano izquierda por esa ridícula razón que siempre dan -de ese lado esta el corazón- mas que por escuchar al joven holgazán ella lo dejo en su dedo, porque siendo diestra no le representaría un problema ahí. Lo más extraño de todo es que era común para ella ver a esos promotores de las cosas inservibles que te "regalan" por una cooperación voluntaria, argumentando ser estudiantes, ella comprendía plenamente que no era verdad pues mas de una vez se había topado con algunos supuestos estudiantes de su misma carrera, claro condiscípulos inexistentes en esas aulas, ella comprendía que su ropa no correspondía a los cánones antiguos de un estudiante de esa rama, por eso seguro ellos prejuzgaban a los alumnos por que tan limpios estaban y no lo opuesto. Algunos días tenia tiempo para responder -yo también estudio- con el tiempo se aburrió de dar explicaciones y su boca se limitaba a decir -no tengo tiempo o solo un no gracias-, siempre era lo mismo, las misma caras, los mismos olores a ropa mal lavada, el mismo falso acento argentino y la mala conjugación verbal que los delataban.los mismo objetos baratos separadores de libros, pulseras dijes de piedras horrorosas lo de siempre, incluso eso que ahora lleva en su dedo fue rechazado por ella mas de una docena de veces.
Ni ella misma sabia que su día pintaría de esa manera. Solo levanto la cabeza, un vez más, aunque era algo que no hacia seguido sabia que en el fondo valdría la pena caminar bajo el sol, los oráculos modernos son mas complicados de encontrar que nunca antes y aunque si le daba algo de pena la vio hablo de cosas que la llenaron y se sintió bien, salió de ahí sin sentir el calor o el peso de la bolsa llena de libros ajenos a ella o a sus temas de placer lector. Dio vuelta sin notarlo en la calle ancha, así se lo topo.
En ese parque que mas de una vez le fue vetado por su recuerdo, hasta que
él llegó, ni siquiera podría decir que cosa ocupaba su mente solo escucho una voz junto a su cabeza que decía, no se asunte señorita, no muerdo, su rostro era el de la plaga de los vividores que del centro, ellos que son sinceros al mentir, y sin darse cuenta su paso se detuvo, su atención se estaciono justo en esa palabra que ella sabia no era posible ni creíble, el greñudo falso argentino dijo, ¿conoces los anillos de deseos? -No- respondió, ella creyó que era el inicio de la frase habitual ¡no gracias! Pero por alguna razón sus labios no continuaron la oración, lo escucho y peor aun creyó sus palabras pidió un deseo al tiempo que su dedo era vestido por un triste alambre doblado en forma de estrella. Pido un deseo, quería hacerlo, lo hacia de todas formas a cada momento, quizá lo hizo desde que salio de verla, de escucharla de cobrar aninomos otra vez.
Lo recibió, incluso dio las monedas que tenia en su bolsillo consciente que era mas de lo que valía, pero no importo, sentía que en cuanto mas diera, en cuanto mas afirmara su fe en ese alambre en su dedo, más era un anillo real de los deseo.
¿Qué deseo pidió? Cual otro sino a
él...
Lo miro en su dedo, una cuadra, dos cuadras y sin darse cuenta estaba ya en una tienda de libros usados pagando el ejemplar de un libro cuyo autor es de los predilectos por
él lo arrojo al fondo de su bolso, incluso así no estaba segura que en esa pesada colecciona de libros se encontrara uno que a ella en realidad le gustara. Sólo lo hizo, miraba el anillo, así no supo siquiera que cruzo la calle, no se dio cuenta que estaba ya en el camión, lo miraba lo seguía mirando. De pronto no podia dejar de hacerlo no porque fuese hermoso, sino porque aunque se atorara en la ropa de vez en vez se estaba acostumbrando a tenerlo en ella, como la presencia de
él, no tenia nada que ver con si era cómodo o no era mas fe en su deseo, no en el objeto sino en las ganas de que se cumpla. Sólo miraba su anillo.
Todavía lo hace, en la espera que se cumpla su deseo...